41. EL PELIGRO DESPUÉS DEL BRINDIS
La luna llena se alzaba en lo alto, su luz tan clara que parecía un velo plateado cubriendo todo el jardín como si fuera una buena premonición. Bajo su brillo, las flores blancas parecían resplandecer, y las telas vaporosas que decoraban los arcos danzaban suavemente con la brisa nocturna. El aroma de pétalos frescos y hierbas perfumadas flotando en el aire, tejía una melodía tranquila, casi reverente.
Nos tomamos de la mano con un pulso firme. Sentí el calor de su piel, su energía, y a través