22. PASTELITOS Y MENTIRAS - DE RESITIRSE A DESEAR
Me desperté con la luz dorada filtrándose por las ventanas, cálida y suave como una caricia. Por un instante —uno fugaz— sentí que todo estaba en calma. Que estaba a salvo.
Entonces abrí los ojos... y entendí.
No era por la luz, ni por el silencio. Era por su olor. Su aroma estaba en todas partes: en mi ropa, en la almohada, en la habitación... en mí.
No me permite dormir en otra habitación. Compartimos la misma cama.
¿Intenté resistirme? Sí. O al menos eso me dije.
Pero sus palabras, dicha