142. ANTES DEL DESASTRE
—¡Sofia, ven acá! —la voz de Alek fue demandante pero calmada.
Sofía estaba metida entre el armario y se había tapado la boca para que ni siquiera su respiración se escuchara.
—Sofía, preciosa, te juro que no voy a... —Alek contuvo el aliento, estaba molesto, muy molesto—. No voy a hacer nada.
—¡MENTIROSO! —Grito por impulso y con diversión.
Pero cuando cayó en cuenta de su terrible error ya era demasiado tarde, Alek dio pasos largos y afanados para llegar hasta el armario con una sonrisa en s