24. Lágrimas del alma
Lloré en sus brazos como no recuerdo haber llorado nunca, llena de dolor, de angustia, dejando salir la agonía que me carcomía en silencio cada día y yo no me había dado cuenta, cuando logro tranquilizar mi llanto cierro los ojos unos segundos y tomó un gran suspiro de nuevo, la señora Patricia me observa con una ligera sonrisa en los labios, dándome ánimo, haciéndome saber con una sola mirada que ella está aquí para mí sin decir una palabra, es entonces cuando asiento y comienzo hablar.
— Cua