25. Primo
Stefan.
No me fui, me quedé como un pequeño husmeando detrás de la pared, recargué mi espalda en la fría madera y escuché llorar a la mujer que acompañaba mi madre, era un llanto de dolor puro, conozco bien ese tipo de llanto cuando has perdido a alguien, ella no mentía.
Su historia es trágica es más de una manera, mi hierve la sangre al darme cuenta de que el maldito responsable de todas sus tragedias era ese animal que tiene como marido.
Ya escuché suficiente, incluso de más; con pasos cui