La voz de Rous temblaba al otro lado de la línea, cargada de algo que Caleb no lograba descifrar del todo. —Caleb… hay algo que tenemos que hablar. En persona —dijo ella, con un tono suave pero firme—. No puede esperar.
Caleb apretó el teléfono contra su oído, sintiendo el peso de esas palabras hundírsele en el pecho. —Rous, no puedo salir ahora —respondió con una calma forzada—. Estoy en medio de algo muy importante, y no puedo ausentarme.
Hubo un breve silencio. Luego, la voz de ella regresó,