Los dos llegaron al departamento, con el alma desnuda, con los pensamientos brotando por los poros que sudaban. No de nervios, sino de lujuria que se alimentaba del pecado de Rous.
—Me interesaría conocer lo que descubriste en el pasado, Rous. —exclamó Milán mientras dejaba su abrigo ligero en el colgador—. Escuche que es un pasado muy distinto y en el que Caleb no es ni la sombra de lo que es en este futuro. —añadiendo, dejando la semilla del veneno en Rous.
—Es cierto. —dijo fríamente e inten