Cada orden a nombre de Rous se encontraba sobre el escritorio de metal, frio y pesado como los pensamientos que ella estaba sufriendo en ese instante del impacto recibido, aquellas palabras de Rous del futuro no fueron insinuaciones ni provocaciones sin sentidos, era la verdad saliendo de una Rous que descubrió la verdad. ¡Una verdad que ella misma no logró hacerlo durante mas de tres años en sus narices!
Rous no tocó nada para no ser descubierta, para que Caleb no sospechara que ella ahora sabia el contenido de aquella recámara. Ahora ella sabia que su nombre no solo fue usurpado por la Rous del futuro, sino que ya había sido usurpado por su marido desde hace un tiempo.
Por su mente se atravesó un nombre: ¡Milán! —Él debe saber todo esto. —murmuro con la certeza en sus labios—. Debo confrontarlo y hacerlo hablar, no puedo continuar siendo la esposa resignada y frágil que Caleb no teme, que Caleb usa sin remordimiento.
Por accidente ella presiono el botón rojo, ese interruptor que Cal