—¿Qué haces aquí? —preguntó Rous dirigiéndose al Ruso—. Fui clara en decirte que todo marcharía conforme a mi plan. —puntualizó tomando el mando de voz.
Caleb la observó y las miradas entre los tres fue un cruce amenazante, cada uno con una razón y un pensamiento diferente. Los tres se encontraban por primera vez juntos y el único que faltaba era Milán, que sin saberlo era parte del grupo; solo que contaba como un peo para Rous.
—Es tiempo, Rous. —exclamó el Ruso con arrogancia y mirando por debajo del hombro a Caleb—. De que este hombre tome acciones, decidí tomar acción en cuanto me entere que había inaugurado su empresa “A solas”
Caleb no bajaba la mirada y no la apartaba de Rous, en ella se podía sentir el olor de la traición, el olor de dos cuerpos sudados. Caleb no pensaba acceder a los negocios del Ruso, el solo deseaba triunfar sin involucrar a la mafia en sus negocios.
Rous sintiéndose acorralada, se acercó y con una mirada fulminante le hizo saber al Ruso con firmeza. —¡Bajo