—¿Qué haces aquí? —preguntó Rous dirigiéndose al Ruso—. Fui clara en decirte que todo marcharía conforme a mi plan. —puntualizó tomando el mando de voz.
Caleb la observó y las miradas entre los tres fue un cruce amenazante, cada uno con una razón y un pensamiento diferente. Los tres se encontraban por primera vez juntos y el único que faltaba era Milán, que sin saberlo era parte del grupo; solo que contaba como un peo para Rous.
—Es tiempo, Rous. —exclamó el Ruso con arrogancia y mirando por de