Caleb se acercó con la rabia visiblemente. —¡Suéltala! —replicó sin temor—. No te prometo un trato sensible si continuas con tus insinuaciones.
De inmediato, los guardias del Ruso reaccionaron. Las armas se alzaron, apuntando directamente a Caleb. El aire se volvió denso, peligroso. Un solo movimiento en falso podía convertir todo en una masacre.
Rous entendió al instante lo que estaba en juego. Respiró hondo y, sin perder el control, dio un paso más hacia el Ruso, interponiéndose sutilmente en