En el futuro, la noche había caído con una calma engañosa sobre las bodegas de la empresa de exportación. Desde el exterior, el complejo parecía uno más: grandes portones metálicos, luces blancas estratégicamente colocadas, vigilancia privada que cumplía con su rutina sin sobresaltos.
Nada delataba que, bajo esa apariencia de normalidad corporativa, se estaba a punto de ejecutar uno de los movimientos más delicados y peligrosos que habían planeado en apenas unas horas.
En la sala de monitoreo,