Ella susurró entre gemidos y jadeos cortos. —¡No dejes de tocarme! Continúa afinando mi instrumento. ¡Te lo ruego! Hazme sentir lo que al pasado se le olvidó.
Era una lengua danzante la de la Caleb, sus movimientos curvilíneos, movimientos ondulares y algunas pequeñas penetraciones de su lengua a la profunda hendidura de la hermosa y recada mujer que se abría abierto ¡Por fin! Al hombre que parecía su futuro asegurado y un amor verdadero.
Su dedicación fue prodigiosa, su deseo penetro los sentidos de Rous. Ella no estaba para resistirse, ella ya había entregado su corazón, su alma y su deseo al Caleb del futuro. El la conquisto con la humildad de su corazón, con la ternura de su alma y con la mirada que la desarmaba.
Caleb parecía desvanecerse en su interior, pero ese mismo elixir le daba el oxigeno que necesitaba para continuar con su faena de placer. Ella gimió una y otra vez y los recuerdos parecían no existir en ese instante. Cualquiera lo tomaría como una traición, pero ese Caleb