Cuando la madrugada rompió el silencio de la noche y se deslizó sobre sus pieles aún cálidas, las dos Rous abrieron los ojos al mismo instante, pero en tiempos distintos; compartiendo un pensamiento que no era alegría… Sino un eco extraño, casi ajeno, como si no les perteneciera. La dualidad se escuchó en el infinito del universo: “Eso… no pudo haber sido real.”
No había claridad. No había certeza. Solo una punzada helada en el pecho de lo que con ella había ocurrido, el éxtasis aun corría por