Como es habitual ya entre ambos, comemos en completo silencio. De este modo es mucho más relajante y él parece comprender cómo funcionan las cosas conmigo. Debido al excesivo picante terminé bebiendo más refresco de lo usual, ya que casi nunca bebo refrescos azucarados con las comidas. Pese a todo no me quejo, hace tantos años que no pruebo este tipo de alimentos que me genera una sensación de familiaridad agradable.
Cuando terminamos retiro la mesa, después de todo fue él quien preparo la cena