Sufrió arcadas hasta que nada más salió. Tenía la respiración agitada. Las cosas ante él empezaban a adquirir color. Selló sus labios, tragando los residuos en su boca. Su pecho subía y bajaba, cada vez más lento. A lo lejos, vio la calle despejarse. Las últimas personas entraron. Intentó pararse recto; pero sólo deslizó un centímetro la mano de la pared cuando sintió que todo volvía a moverse. Se quedó quieto.
De pronto, una mano pesada golpe