Piero se sentó y tomó algunos pancakes del plato que estaba sobre la isla. Michelle se abstuvo de arrebatárselos. Se suponía que eran para Laila, pero había suficiente para todos. Había aumentado la cantidad tan pronto aparecieron frente a su puerta.
—Está delicioso —alabó Piero y se llevó a la boca otro.
Se cruzó de brazos y apoyó la cadera en la encimera.
—No los esperaba tan temprano, pero sé porque están aquí a estas horas.
—Solo nos aseguramos de que nada le suceda. Trajimos algunos hombre