Laila acomodó la mejilla en el pecho de Michelle y se dejó llevar por la música. Quería que el tiempo se congelara en ese momento, tanto como quería vivir junto a Michelle cada día que venía.
Él había hecho de esa noche una de las mejores de su vida. El jardín estaba decorado perfecto para la ocasión y Michelle había preparado comida como para alimentar al menos unas seis personas como mínimo.
Ni por un instante había pensado que él estaba tramando algo cuando la animó a salir con sus amigas.