Abril no quería hacer lo que Alejandro le había ordenado. Los minutos iban pasando y ella trataba de ignorarlo, más no pudo hacer nada cuando él le envió un mensaje de texto que decía:
—Dos minutos y te quiero en el auto.
Ella tembló cuando lo miró despedirse de sus amigos con el pretexto de que al día siguiente tenía una reunión a primera hora en la empresa y necesitaba descansar.
—Diez minutos de retraso. ¿Acaso prefieres que vaya y te saque en mi hombro como una niña pequeña y malcriada?— vo