Al día siguiente, Brany decidió buscar al jardinero para agradecerle por haber cuidado de la gatita. Lo encontró en el vivero, un rincón mágico del jardín donde las rosas de todos los colores se mezclaban con otras flores exóticas, creando un mosaico de aromas y tonalidades que parecían sacadas de un sueño. El viejo estaba sentado en un banco de madera, contemplando con serenidad el fruto de su trabajo. Brany se acercó con curiosidad, no solo por agradecerle, sino también para descubrir por qué