—Suponiendo que aceptas ser mi esposa y me entregas Chicago, te dejaré hacer lo que quieras con todo lo que quieras, teniendo en cuenta que todo lo tuyo también es mío y viceversa. No tengo planeado timarte. Me gusta la idea de expandir mis territorios: tú diriges Irlanda, yo Rusia y Estados Unidos, y el imperio que tendremos será más grande, vasto y próspero. Suponiendo que aceptas ser mi mujer, el beneficio será mutuo; tú ganas y yo gano.
—Bien, acepto tu propuesta. —Ya me casé dos veces ant