—¡Tú no puedes tener ningún hombre a tu lado!, porque para eso me tienes a mí, compréndelo, puede que ahora ya hayas encontrado algún vaquerito que se haya conformado con joder ese coño seco y desabrido que tienes, pero hombre, hombre soy yo. — el rostro rojo de Nelson, le dejo en claro a la castaña que le estaba dando donde más le dolía.
—Tú no puedes considerarte hombre, no eres más que un perro, un animal salvaje y asqueroso, estás tan desesperado por mantenerme a tu lado, incluso inventas e