Al ingresar en su cabaña, Natalie sintió que el aire se volvía denso, casi irrespirable, era como si las palabras de Malakai hubieran dejado una huella imborrable en su ser, una marca de desprecio que arañaba su corazón, y que amenazaba con matarla, por lo que ante la falta de fuerza, se apoyó contra la puerta cerrada, intentando encontrar consuelo en la solidez de la madera bajo sus dedos temblorosos, pero el dolor era demasiado profundo, demasiado brutal, y no lo comprendía, no sabía cómo tom