Kamus ayudó a Úrsula a levantarse. La rodeó de la cintura al notar que le era doloroso estar de pie y la guio al sillón. Ella se sobaba la frente.
—¿Qué carajos hacías detrás de la puerta?
—Te estaba buscando... —respondió, con una mueca de dolor.
Él fue por un analgésico y una compresa fría, que ella se apoyó en la frente. La tenía enrojecida.
—Descansa un momento.
Úrsula echó la cabeza hacia atrás, reclinándose en el sillón. Respiraba agitadamente y, de vez en cuando, dejaba salir unos suaves