Desesperada por evitar que su jefe viera el mensaje que le enviaba su otro jefe, Úrsula se abalanzó sobre él y le arrebató el aparato.
—Tengo fotos íntimas —aseguró para explicar su exabrupto, aferrando el teléfono contra su pecho como si fuera un hijo perdido.
Había estado tan cerca. Si seguía pasando sustos como éste no llegaría viva a fin de mes.
—No iba a ver... Es un teléfono de la competencia, no puedes tener un teléfono de la competencia —sentenció Alfonso.
Úrsula estaba azorada, el cor