Úrsula se zafó del agarre de Mad. Ella estaba perfectamente bien, sólo seguía viendo borroso y tenía la frente colorada y adolorida, tal vez también estaba algo asqueada por haber fantaseando con su espalda y otras cosas que no valía la pena mencionar, pero nada más.
—Permiso, yo me voy.
Apenas se levantó y Mad volvió a sentarla.
—No tan deprisa, tal vez tengas una conmoción cerebral.
—¡Ja! ¿Desde cuándo eres médico?
—¿Estás mareada?
¡El mundo le daba vueltas!
—Sí —respondió a regañadientes.
—¿