"Ana, cariño. No pensé que volvería a verte tan pronto". "Amor, eres la persona que estaba deseando ver". "Preciosa, ¿ya no estás enfadada conmigo?". Frases como estas se sucedían una tras otra en la turbada mente de Mad.
La gata se perdió de vista y él abrió la puerta, sin tiempo a decidirse qué decir.
—Hola, Ana —soltó con simpleza.
—Hola, Mad —dijo ella del mismo modo.
Ana entró, colgó su abrigo en el perchero y tomó asiento en la sala. Se frotaba las manos como si tuviera frío, pero la