Los pies de Unavi no se movieron. Por fin estaba en el lugar que había sido su objetivo desde que firmara el contrato con Bill, el misterioso piso menos dos, donde la creatividad de Kamus se desbordaba y sus sueños adquirían forma.
El baúl de los secretos de Alfonso se abría para ella y lo único que quería era salir corriendo. Lo intentó, Kamus la sostuvo del brazo.
—¿A dónde crees que vas?
—Yo no debería estar aquí, ¡esto es confidencial! —se tapó los ojos. Ya había alcanzado a ver unas carcas