La ferocidad en su mirada le cortaba el aliento. Creyó que podría escaparse, pero habían enviado por él a la peor de las bestias.
Y la bestia de Abdali no lo dejaría ir así como así. Lo enviaría al fondo de un lago o al despeñadero, no había más opciones tratándose de un monstruo como él.
Un puñetazo demoledor le hizo crujir los huesos del rostro, una patada en el vientre le partió algunas costillas, otro puñetazo casi lo mandó al infierno. Estuvo seguro de que escupió algunos dientes.
La bes