Vincenzo sonrió. Su contacto en la policía le acababa de confirmar que Cosimo no se había reportado con la policía ese día lo que llevó a la emisión de una orden de captura a su nombre. Mientras permaneciera oculto, las posibilidades de que lo atraparan eran prácticamente nulas. Nadie iba a salir a buscarlo activamente… a menos que alguien revelara su paradero.
—¿Sigue en casa de su amigo? —le preguntó a Angelo, quien estaba sentado frente a su escritorio.
—Sí.
—Haz que uno de tus hombres llame