Minutos antes, Serena se quedó completamente petrificada mientras la puerta de la habitación de sus padres se abría. Debió suponer que, dada su mala suerte, sería su padre quien la atraparía. Él permaneció de pie en el umbral de la puerta, observándola con ojos de halcón.
—Papá —saludó y se las arregló para sonreír, aun cuando por dentro era un manojo de nervios.
—¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió él, escudriñando la habitación.
—Vine a recoger mis pertenencias —explicó, acercándose a su male