Vincenzo acercó a Serena a su cuerpo, con la mano que reposaba en su cintura, y se preparó para enfrentarse a los padres de su esposa. Los dos, notoriamente fríos y distantes, avanzaron con la cabeza en alto a través de los invitados, ofreciendo a su paso asentimientos formales como saludo.
La tensión en el aire era palpable, sin embargo, Vincenzo mantuvo un semblante tranquilo. Se encontraban rodeados de su familia, en su territorio. Los Castelli tendrían que jugar bajo sus reglas y comprender