La casa estaba en completo silencio y pasaba de la media noche, pero Serena no podía dormir. Aunque ya había tomado una decisión, temía que fuera la equivocada. Sin embargo, sin importar cuanto lo pensara volvía a la misma conclusión, rechazar la propuesta de Vincenzo sería una estupidez.
—Buenos días —saludó cuando llegó a la sala.
Vincenzo cerró su laptop y la miró.
—Hola, dormilona. ¿Tienes hambre?
Debía haberse quedado dormida en algún momento de la madrugada y cuando despertó era casi l