Capítulo 39

Carlos se quedó mirando el borde vacío durante varios segundos. El viento helado golpeaba su rostro, pero no lograba despejarle la mente. No había cuerdas, no había escaleras, no había repisas donde alguien pudiera caer sin romperse cada hueso del cuerpo.

—No es posible —murmuró.

—Con él nada es imposible —respondió Adriana, temblando.

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