Aynara se acurrucó contra él al instante. Era un nuevo rito que el pequeño heredero demonio había planteado: mamá solo duerme cuando papá está. Y papá tiene que estar, o el caos se desata.
—Ya está —dijo Bóreas, rodeándola con sus brazos, su mano descansando sobre el vientre—. Ya estoy aquí.
El cachorro respondió con un movimiento suave, como si estuviera acomodándose también.
—¿Ves? —dijo Bóreas—. Solo quería que los dos estuviéramos juntos.
—Es un manipulador —murmuró Aynara, con los ojos ya