El silencio que siguió fue absoluto.
Tarian sintió que el corazón le daba un vuelco. Un Lycan sin control era una bestia. Pero un Lycan con un propósito, con una guía, con una reina que pudiera domar su furia sin esfuerzo...
—Madre —dijo Tarian, su voz apenas un susurro—. Si eso es verdad, entonces Aynara no solo es una reina.
—No —respondió Yskara, y en sus ojos dorados brilló una luz que Tarian nunca había visto—. Es una diosa en la tierra.
Ambas se quedaron en silencio, observando a Aynara d