Milka gritó algo que sonó como "¡esa es mi cuñada!", pero se perdió en el estruendo. Elena lloraba abiertamente. Kurt le ofrecía un pañuelo que ella ignoró por completo.
Ariel y Carlo aplaudían con el alma, sus rostros iluminados por una felicidad que no sentían desde hacía meses.
Bóreas tomó a Aynara por la cintura, con cuidado de no apretar su vientre, y la atrajo hacia él.
—Te ves hermosa —susurró.
—Me siento como un pingüino con corona —respondió ella, riendo.
—Un pingüino muy majestuoso.
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