La mañana en la Manada Luna de Fuego amaneció con un sol radiante que se filtraba entre las cortinas de la habitación principal. Carla se despertó con una sensación extraña, algo que no había sentido antes. Una náusea leve, un mareo pasajero, un sabor metálico en la boca.
No le dio importancia al principio. Pensó que era el estrés de los últimos días, las reuniones con el concejo, las presiones de los viejos lobos. Pero cuando la náusea se repitió al día siguiente, y al otro, comenzó a sospecha