Las solicitudes de concejo llegaban con más frecuencia.
Cada día, un nuevo pergamino. Cada día, un nuevo alfa exigiendo voz y voto en las decisiones de la manada real. Las palabras eran educadas, llenas de formalismos y reverencias falsas, pero el mensaje era claro: querían limitar el poder de Bóreas. Y sobre todo, querían limitar el poder de Aynara.
Yskara las miraba con una suave sonrisa. Estaban en el estudio, rodeados de pergaminos que se acumulaban sobre la mesa como una montaña de papel.