Encontró a Aynara en la biblioteca, sentada en un sillón junto a la chimenea. Uzziel estaba en su regazo, jugando con un libro de tela. Ella intentaba leer otro libro, pero el bebé tiraba de las páginas cada vez que ella se concentraba.
—Mamá está leyendo —decía Aynara, con paciencia—. Déjame leer.
Uzziel la miró, arrancó una página, y se la llevó a la boca.
—Eso no se come —dijo Aynara, recuperando la página—. Los libros no se comen.
Uzziel soltó un balbuceo que podría haber sido una protesta.