Los días venideros fueron un borrón de angustia.
Carla no volvía. Y aunque sabían dónde estaba —en la Manada Luna de Fuego, territorio del alfa Moron—, intervenir en ese momento sería interferir con las decisiones de la Diosa Luna. Los lobos respetaban el vínculo. Los Lycan también. Nadie podía meterse en medio de un destino sellado.
Aynara se mordía las uñas. Elena la calmaba como podía. Sara lloraba en silencio. Ariel caminaba de un lado a otro sin rumbo. Carlo quería ir a rescatar a su herma