AREN
Detengo su inspección en mí cuerpo colocando mí mano en su encima.
–¿Te duele?–cuestiona con su bello rostro afligido.
–Nada duele más que tu rechazo e indiferencia.–Determino mirándola seriamente.
Volteo cerrando mí túnica nuevamente y sobre mí espalda pregunto.
–¿Cuál es la urgencia? Para que mí reina tuviera que haber venido por su propia voluntad a mis aposentos.
–¡Como son capaces de hacer semejantes atrocidades! Las aberraciones que comenten con las personas no tienen nombre..