AREN
Desde que visitamos el pueblito sagrado, mí reina no ah dejado de observarme de una manera distinta, incluso hasta en nuestros aposentos, logro percibir que su actitud, ya no es tan renuente a mis besos y caricias. Debo admitir que tenía mis dudas de mostrarle el pueblito sagrado a mí reina, pero era una necesidad imperiosa que debía ser atendida cuánto antes y necesitaba salir de esta incertidumbre que me consumía. Todo fue mucho mejor de lo que imaginé y como siempre, no me equivoque, c