MORGANA
Abro mis ojos y cuando vuelve la lucidez, noto que estoy recostada en mí lecho matrimonial. Observo por el rabillo del ojo al rey sentado a mí lado, sosteniendo mí mano con sus ojos cerrados como si estuviera meditando. Sin pensar extiendo mí mano, para acariciar su rostro, pero mí accion queda en eso, cuando sus iris azules profundos se revelan. Automáticamente bajo mí mano y cierro mis ojos tratando de fingir que aún estoy inconsciente.
–¿Podemos hablar?–Escucho el tono grave de su v