Estoy sentada en el restaurante y me parece de mal gusto tener que esperar a este sujeto.
De pronto, mi teléfono vibra con la notificación de varios mensajes.
—¿Esto es en serio?
No puedo creer cada cosa que estoy leyendo.
—¡Argh! Solo a mí me pasan estas cosas...
Escribo un único mensaje:
«No me gustabas, imbécil, poco hombre. Solo quería sacarme de la cabeza a alguien, pero ni ese es tan imbécil como tú.»
Bloqueo la pantalla, pido la cuenta del agua que bebí y salgo del lugar hacia mi coche.