—Pero, ¿tengo que matarlo yo? —podría decirse que me tiembla la voz.
Estoy metida en un mundo azaroso, lo sé. Puedo notarlo en todo lo que pasa y en cada día que entierro pero matar, lo que es la acción de asesinar a alguien no creo que pueda hacerlo y no me parece nunca haber aprobado algo así.
—Cambia esa cara —me pellizca la nariz —. No serás tú quien apriete el gatillo pero si quien lo ponga de rodillas entre tus piernas para que yo pueda disparale.
Siento en cada palabra que sale de su b