—¿Por qué tiene que estar en todas partes?
La pregunta flota en el aire, entre los dos en realidad. Pero ninguno la responde. Nos quedamos mirando como ella se sienta al lado del espejo de la esquina y además de hablar con otro tipo, nos mira incesantemente.
—Preciosa —espeta Ian todavía agarrándome de la cintura —, no quiero que te sientas mal con ella. Si quieres irte lo hacemos. Nosotros somos los anfitriones de la noche.
—Tú lo has dicho, cariño —me doy la vuelta en sus brazos y pongo los