—Tú no tienes ni idea de quien soy, Nicoletta y te equivocas si piensas que ofrecerme para otras camas te abrirá un espacio en la de mi marido.
—No tengo esas intenciones, querida —bebe de una copa que me da cierta envidia —. Tu vida ya no me interesa.
—¿Debería tomar eso como una amenaza?
—No, tranquila —se ríe y noto alguien a mi lado —. No pude ver el sarcasmo en la frase.
—Ya ves que yo sí.
—Tenemos que irnos, señora —me indican ya tomándome del codo —. ¡Ahora!
No me da tiempo a nada. Me s