No me podía quedar de manos cruzadas. Leo sonrió y luego me ignoró. Entendí que iba por Tristán, entonces sentí bajo mis manos un tronco; lo agarré y se lo partí en la espalda, él giró a verme sonriendo, mostrando los colmillos y su perturbadora faz.
—¿Quieres pelea?… —No le dejé terminar la oración y permití que mi adrenalina respondiera su pregunta.
Me fui contra él con fuerza, mis rabihats se volvieron a encender y mordí su cuello arrancando un tajo de su repugnante piel y la escupí