Mi padre entró a la casa sin pronunciar una sola palabra, era como si el toque de Tristán hubiese absorbido su capacidad de pensar e intuir. Yo tampoco deseaba romper aquel encantamiento, pero a pesar de aquel hermetismo podía leer en sus ojos que Tristán lo había impresionado hasta el punto de sentir temor.
—Ve a descansar Victoria, mañana conversaremos. —Mi padre me dio la espalda al decir esas palabras. Estaba a punto de reanudar sus pasos hacia el estudio. Algo en sus pensamientos lo detuv