—¡Todo es mentira! Ni tú ni nadie me indicarán qué hacer o sentir. Yo soy de Adrián y él es mío. Sí, quieres decirme que lo que siento por él está mal, entonces tendrás que inventar algo mejor que eso porque no hay ninguna otra razón o causa por la que no debamos estar juntos. —Después de decir esas palabras salí corriendo de la habitación.
—¡Victoria detente! ¿A dónde vas?
—¡A mi verdadero hogar! —grité mientras veía en mi mente los recuerdos de Estefanía en la hacienda los Álamos. Alexandr